El perverso mecanismo del corona-capitalismo en México

“Javier se mudó a EU hace 30 años para hacer ‘una nueva vida’; lo siguió su hermano. Murieron por COVID-19” (Sin Embargo, 23 de abril de 2020)

Por Adrián Sotelo Valencia Texto publicado originalmente por ebelión

“Rigoberto Tafoya Maqueda, empleado de la maquiladora Lear Corporation Planta Río Bravo, salió de su casa por su propio pie el domingo 5 de abril para buscar atención médica de urgencia porque tenía dificultades para respirar. Pensaba que la alergia diagnosticada unos días antes en el consultorio de la empresa y por otros dos médicos particulares se había complicado…Cinco días después, el viernes 10 de abril, murió en el Hospital General Regional 66 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) con otro diagnóstico: coronavirus (COVID-19)” (Animal Político, 24 de abril de 2020).

El Departamento de Defensa de Estados Unidos y el empresariado de este país y el de México presionan al gobierno de López Obrador para que acceda a abrir y echar a andar las fábricas y cadenas productivas de sectores pertenecientes a las industrias automotriz, electrónica y aeronáutica para las que demandan que sean reclasificadas como “esenciales” para poder operar en medio de la pandemia mundial. Hay que considerar que las empresas terminales son esencialmente trasnacionales, principalmente norteamericanas, y que en el marco de la dependencia histórico-estructural, nuestro país, como apéndice de las industrias de esas empresas y capitales hegemónicos, básicamente produce piezas y repuestos complementarios bajo procesos de trabajo y de producción denominados maquiladoras en las que los salarios y las condiciones de contratación y de trabajo están altamente flexibilizadas y precarizadas. Los empresarios norteamericanos, organizados en la Asociación Nacional de Manufactureros de Estados Unidos, en un escrito dirigido al presidente de México declararon que “…estamos profundamente preocupados acerca de los decretos emitidos por el secretario de Salud en México y por los gobiernos estatales que han resultado en el cierre forzado o amenazado de nuestras instalaciones esenciales de manufactura, al igual que la de nuestros proveedores, poniendo en peligro nuestra habilidad para entregar suministros críticos y productos básicos cotidianos en México y América del Norte”. Obsérvese el énfasis puesto en la producción y en los mercados -amenazados por el cierre de fábricas y empresas- y la ausencia de mención de los trabajadores y del ser humano que padecen mayoritariamente los efectos destructivos y mortíferos de la pandemia. Supuestamente para esa Asociación es este un “momento crucial” (sic) e indica que sus agremiados trabajan “…con urgencia para armar a nuestros proveedores de servicios de salud y otros trabajadores que combaten el Covid-19 con los recursos que necesiten para salvar y proteger las vidas de nuestros compañeros ciudadanos. El cierre de nuestras instalaciones en México amenaza con socavar este esfuerzo”. Es decir, siguiendo la ideología xenófoba y racista de Trump: el Covid-19 es “cuento de chinos”, a pesar de haber alcanzado en su país casi un millón de contagiados y 55 mil muertos por este virus; de Bolsonaro, cuyo país, Brasil, es el líder de la pandemia en América Latina y el Caribe: “que se infecten todos y sobrevivan los más fuertes”) o de una víctima de la infección, el señor Boris Johnson: “las muertes son inevitables, pero hay que salvar la economía”, la ultraderecha shumpeteriana y anti-humana sostiene que mantener cerradas o limitadas las “actividades económicas” para salvaguardar la salud de las personas por efectos del Covid-19, “socava” todo esfuerzo tendiente a combatirlo, por lo que, según la hipótesis empresarial, no existe incompatibilidad entre pandemia y economía; entre enfermedad y explotación laboral: entre más funcione la economía, es decir, las fábricas, los negocios y las empresas, menos Covid-19 y viceversa o cualquier otro virus o enfermedad. Bajo este falso supuesto inmerso en los intereses empresariales, los capitalistas de ambos países, apoyados por sus respectivos Estados en el marco del T-MEC (que por cierto entrará en vigor el 1 de junio de 2020 y en el que el mismo López Obrador a priori cifra las esperanzas de la “recuperación” del país de la crisis económica), instan a abrir y restablecer, en el menor tiempo posible, los procesos de explotación de la fuerza de trabajo, de la acumulación y de la valorización del capital para la producción y obtención de las ganancias de los capitalistas bajo el pretexto, siempre invocado en todas las épocas, de “proteger” los empleos y los salarios de los trabajadores, aunque la actual pandemia, entre otras cosas, ha demostrado fehacientemente que sin estos el capitalismo simplemente no funciona y está destinado a su desaparición, de la misma manera que el feudalismo sin el siervo de la gleba y el esclavismo sin el esclavo son impensables. En virtud de haber sido declaradas como “no esenciales” por el gobierno federal a través de la Secretaría de Salud, es que dicha Asociación del gran capital estadunidense insta a México a que amplíe la lista de actividades esenciales y críticas con el fin de asegurar que: “(a) los fabricantes de productos y componentes críticos y esenciales puedan continuar operaciones en México y, (b) que las interrupciones a la cadena de suministro de fabricación de Norte América sean minimizadas en estos momentos críticos” (Contralínea, 23 de abril de 2020, cursivas nuestras). En México, empresas norteamericanas como Lockheed Martin, Textron, General Dynamics, General Electric, Safran, PCC, Honeywell, Rockwell (hoy Raytheon Technologies) tienen operaciones, subsidiarias y plantas importantes, y algunas de ellas como Honeywell y Rockwell también operan dentro del sector automotriz que constituye el núcleo duro de la Industria Maquiladora de Exportación en México. Dada su proyección imperialista con más de 800 bases militares instaladas en todo el planeta, en Estados Unidos el sector de defensa, aeronáutico y automotriz son considerados esenciales para las fuerzas sociales, militares, empresariales y políticas, mientras que en México prácticamente son inexistentes como “industrias nacionales”; es decir, son producidas por las empresas extranjeras como complementarias y subordinadas de las industrias imperialistas de Estados Unidos. Por todo ello, tanto las fracciones de la burguesía dependiente mexicana (CCE, CONCAMIN, CONCANACO, CEESP, etc.), como la Asociación Nacional de Manufactureros de Estados Unidos presionan al gobierno para que esas industria sean declaradas como esenciales para volver a la producción, a pesar de que en ambos países el brote pandémico ha asumido un carácter exponencial con el registro de miles de infectados y de defunciones. El Pentágono, con toda la fuerza del chantaje y la constante amenaza de implementar “sanciones” y castigos si no se cumple con sus ordenanzas y prerrogativas, ha “solicitado” a la Secretaría de Relaciones Exteriores de México que los principales proveedores mexicanos de la industria estadounidense puedan reabrir sus actividades y suministren partes, piezas y repuestos para garantizar y retroalimentar los proyectos esenciales del Departamento de Defensa norteamericano, cimentados en su complejo tecnológico-industrial-militar cuyo objetivo estratégico es la guerra y la destrucción para garantizar la dominación y la rentabilidad del capitalismo y del imperialismo global. Hasta ahora no se ha hecho visible una respuesta explícita del Presidente López Obrador. Este declaró, en relación con la industria automotriz, que podría volver a operar en días posteriores a la reapertura de la actividad económica en Estados Unidos. Sin embargo, la Secretaria de Economía anunció que ha establecido platicas con empresarios mexicanos y estadunidenses, así como con el gobierno de Trump, para estudiar la posibilidad de abrir algunas actividades que están catalogadas como no esenciales a raíz del estallido del coronavirus (como es el caso de la industria automotriz) para proceder a su reapertura. Entre otras proclamas en esta dirección figura un plan elaborado por el CCE articulado en 10 puntos, supuestamente encaminado a “diseñar recomendaciones” que permitan enfrentar exitosamente esta coyuntura crítica:

  1. Cuidar la salud de todos los mexicanos.

  2. Proteger el empleo y las fuentes de ingreso para evitar que la crisis de liquidez se convierta en crisis de solvencia.

  3. Reactivar la economía lo más pronto posible, de manera sostenible en el campo y en las ciudades.

  4. Minimizar los costos para detonar una reactivación gradual.

  5. Estimular el crecimiento de la economía mediante el incremento de liquidez a personas físicas y morales.

  6. La economía mexicana requiere políticas públicas contra-cíclicas.

  7. Convocar a la cooperación internacional.

  8. Enfocarnos en la diversificación comercial y no romper la proveeduría nacional y regional en América del Norte.

  9. No aumentar el endeudamiento permanentemente. Varias de las acciones señaladas implican una mayor deuda pública.

  10. Enfatizar la visión de largo plazo de la economía es la mejor vacuna contra la incertidumbre durante la crisis (La Silla Rota, 24 de abril de 2020).


Nótese en este plan empresarial de la recuperación de la economía nacional la total ausencia de sujetos-actores responsables de la puesta en marcha de las acciones que se señalan. Los puntos 1 y 2 que conciernen a la gran mayoría de los trabajadores son completamente generales al grado de quedar subordinados a los indicados en los puntos 3, 5 y 6. En cambio son más visibles los puntos 4 (que no indica el cómo), el 6 que bajo la ortodoxia empresarial neoliberal siempre se refiere a instrumentar una serie de medidas encaminadas a contrarrestar la recesión y los procesos inflacionarios. Evidentemente brilla por su ausencia la impulsión de una reforma fiscal que grave al gran capital nacional y extranjero y que tampoco figura, hasta ahora, en la agenda del gobierno de la llamada 4ª Transformación (4T) en el poder.

A unas 5 semanas de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la emergencia sanitaria mundial a raíz de la conversión del coronavirus en pandemia, los medios corporativos de comunicación (principalmente las cadenas de los centros del capitalismo avanzado) y sus repetidoras en prácticamente todo el mundo, comenzaron a difundir y sembrar en la conciencia de la población mundial la falsa idea de que el virus ya está siendo controlado y, por lo tanto, los países están en condiciones de iniciar la “reapertura” de sus economías, valga decir de las fábricas, las bodegas, las oficinas y servicios como los transportes y el correo, así como los centros de distribución y de consumo, para impedir que la mermada y alicaída economía capitalista mundial se profundice en “detrimento” de los trabajadores. Prevalece, así, la turbia y falsa idea de que el virus y el capitalismo; la enfermedad y el sistema económico son dos cosas distintas, responsabilizando a los primeros de la crisis y la “solución” de esta confiriéndola al propio capitalismo mediante un razonamiento lleno de tautologías y silogismos. Se oculta lisa y llanamente que el Covid-19 es un genuino producto de la crisis secular y crónica del capitalismo exacerbada por la caída histórica de los precios del petróleo hasta acusar por primera vez signos negativos y que efectivamente lo que hace no es otra cosa que profundizarla como lo están testificando y experimentando las poblaciones trabajadoras de todo el mundo. Un antecedente inmediato del comportamiento a largo plazo de la economía capitalista mundial se revela en el siguiente párrafo: “El desempeño económico de la economía mundial ya era débil antes de la pandemia del COVID-19. En el período 2011-2019, la tasa media de crecimiento mundial fue del 2,8%, cifra significativamente inferior al 3,4% del período 1997-2006. En 2019, la economía mundial registró su peor desempeño desde 2009, con una tasa de crecimiento de solo un 2,5%. Ya antes de la pandemia, las previsiones de crecimiento del PIB mundial para 2020 se habían revisado a la baja” (CEPAL; Informe Especial n. 1 América Latina y el Caribe ante la pandemia del Covid-19. Efectos Económicos y sociales, Naciones Unidas, Santiago, 3 de abril de 2020, p. 2). El otro escenario crítico, junto con un abultado y expansivo desempleo, de un extensísimo trabajo precario, de la informalidad laboral y de economías de bajos salarios constituidas en las últimas décadas por el neoliberalismo, de acuerdo con la CEPAL (op. cit., p. 3) muestra que el impacto económico de la pandemia podría reducir el crecimiento de China a 3% en 2020; el de Estados Unidos, a -3,8%; el de Europa, a 2.3% y el promedio mundial situarse entre -3% y -4%, configurando un escenario de profunda recesión y parálisis estructural que, difícilmente podrá superar el capitalismo contemporáneo. Otra publicación destaca que una caída de -8% del PIB se traduce en una crisis laboral que aumenta la tasa abierta de desempleo en 6,7% en España, mientras que, en menor medida, en Alemania la disminución de 7% del PIB provoca un aumento de 0,7% en la tasa de desempleo, situándose Francia e Italia en una situación intermedia (véase: “Alarma económica; el FMI proyecta una crisis laboral en España nueve veces superior a la alemana“, El Captor, 15 de abril de 2020). En este contexto debemos señalar que la demanda patronal de la conversión de las actividades productivas, de no esenciales en esenciales para su apertura y operación en México, y en otras partes del mundo en plena pandemia, ocurre en un contexto de intensa caída de la tasa de empleo, de tal modo que en Estados Unidos el número de personas desempleadas alcanza, a fines de abril, a más de 26 millones de personas. En México el escenario no es menos descarnado: oficialmente se habla de alrededor de 300 mil despedidos bajo el argumento y justificación de la pandemia y de una continuada caída de la tasa de crecimiento promedio de la economía que la CEPAL sitúa, para 2020, en -6.5% en promedio (véase: CEPAL, Informe Especial n. 2, “Dimensionar los efectos del COVID-19 para pensar en la reactivación”, Santiago, 21 de abril de 2020, p. 15). La actual crisis global del capitalismo ha venido a demostrar, sin tanta ciencia ni sapiencia, entre otras cosas, que el capitalismo no puede existir sin explotación de la fuerza de trabajo (física y psíquica). Además deshabilita todo aquel cúmulo hipotético de tesis e ideas -que en otra oportunidad hemos denominado las “teorías del fin del trabajo”- que venían siendo esgrimidas por tirios y troyanos para “demostrar” esencialmente que dicho sistema puede funcionar sin fuerza de trabajo, y sin producción de valor y de plusvalor. Aquí se articulan todas las teorías posmodernas del fin del trabajo, las de factura keynesiana, funcionalista y neoclásicas, así como algunos enfoques y corrientes marxistas que no podemos tratar en el espacio limitado de este artículo. La imperante necesidad que tiene el capital global, público y privado en México y en otras partes del mundo, para complementar y reactivar las cadenas de valor, desde el punto de vista de la teoría del valor-trabajo de Marx y de la economía política marxista, se expresa en la dialéctica entre las actividades que se han denominado, en la actual coyuntura pandémica, como “no esenciales“ y que, por tanto, al estar paralizadas fungen como “antivalor”, puesto que no producen la necesaria plusvalía para el capital, y las actividades provisionalmente declaradas como “esenciales” (producción de alimentos, productos de la salud y de la medicina científica, el transporte) que actúan como productoras de valor, ya que en una economía capitalista son producidas por el capital privado, bajo la fórmula de mercancías, independientemente de que el Estado participe mediante subsidios eventualmente en las situaciones coyunturales como las que se experimentan en la actualidad por los efectos de la pandemia que han nutrido la especulación de productos derivados como alcohol, gasas, gel, tapabocas, escafandras, guantes y otros productos necesarios (o no) para proteger a la población, o a algunos sectores que cuentan con los recursos necesarios para hacerlo, de los efectos del virus. Estas actividades “esenciales” en tanto valor productor de plusvalía y de ganancias para el capital actúan en la esfera de la producción y de los mercados y no en la esfera social, cultural, ambiental y de satisfacción de las necesidades humanas. Los reclamos del capital (particularmente norteamericano en función de su geopolítica de dominación) de apresurar la conversión de las industrias ligadas a la automotriz y a su complejo de actividades colaterales (electrónica, siderúrgica, minera, etcétera) y en el renglón de piezas y autopartes desde las maquiladoras establecidas en México, constituye su demanda esencial para reactivar el aparato productivo, la producción de valor y de plusvalía mediante la (super)explotación de la fuerza de trabajo, así como los procesos de acumulación y reproducción del capital y las tasas de rentabilidad de la economía capitalista en profunda recesión y (cuasi) bancarrota. Veremos cuál va a ser la respuesta que dé el gobierno mexicano ante los reclamos trasnacionales y la actitud de los trabajadores ante esta perniciosa situación.

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