COVID-19, el virus capitalista: una primera evaluación en África

A partir del 1 de mayo de 2020, hubo más de 3.274.747 casos confirmados por la enfermedad COVID-19, en 203 países alrededor del mundo. El ejemplo de África es bastante impresionante. En apenas unas pocas semanas, el continente pasó de 9 a 53 países afectados por el nuevo coronavirus COVID-19 (de un total de 54 países africanos), creando así una situación doblemente preocupante

Por LPS Senegal

Texto originalmente publicado no site da Liga Internacional dos Trabalhadores da Quarta Internacional


1. Evaluación de la evolución de COVID-19 en África


Primero, el continente tendrá que lidiar con la alta prevalencia de enfermedades endémicas en África, como la desnutrición infantil, el cólera y la malaria. Por lo tanto, más que nunca es necesario actualizar su pobre plataforma de servicios médicos y su degradado sistema de salud pública, que difícilmente recibe alguna inversión y puede considerarse muy ineficiente. Como tal, África Subsahariana es casi el continente que corre mayor riesgo, debido a las razones explicadas anteriormente y su gran demografía, compuesta principalmente por jóvenes y mujeres, entre otros. Países con bajo rendimiento económico y además, autoritarios, desde el punto de vista del manejo de sus crisis políticas y cualquier otra.


Muchos países de África, incluidos Sudáfrica, Senegal, Argelia, Marruecos, ahora se ven afectados por este fenómeno de emergencias sanitarias agudas, y los voceros políticos afirman constantemente, por medio de discursos de alta resonancia social y económica, su apoyo a las poblaciones afectadas [principales víctimas] por la crisis, con el deseo de disminuir el avance de la enfermedad. Marruecos adoptó medidas drásticas a gran escala desde el principio, incluida la limitación de la movilidad, con confinamiento obligatorio y un toque de queda, a pesar del bajo número de casos en comparación con Europa. Por lo tanto, se están produciendo emergencias sociales y económicas en varios países, como Marruecos, Argelia, Egipto y Senegal, con la esperanza de mitigar los riesgos asociados a la alimentación, la desnutrición o incluso el hambre de las personas, acompañadas de falsas promesas políticas previas a la crisis, por parte de las élites africanas.


Además de los problemas políticos de la administración autoritaria de la crisis por parte de los Estados, como vemos en Senegal, el COVID-19 ha provocado profundos debates sobre el estado de los sistemas de salud degradados y la falta de protección social para las personas. En Liberia, estos problemas han surgido con fuerza. Liberia no sólo es víctima de guerras o ciertas epidemias como el Ébola, sino que también sufre la falta de estructuras hospitalarias necesarias. Por ejemplo, tiene una de las tasas de déficit de crecimiento más altas del mundo: el 20% de los niños menores de cinco años sufren un retraso en el crecimiento. Por lo tanto, la incidencia de la desnutrición será mayor en este país. África no tiene capacidad para proporcionar cuidados intensivos a la población, mientras que las formas graves de COVID-19 conducen, según muchos investigadores, a insuficiencia respiratoria que requiere asistencia especializada. Se ha demostrado que la capacidad de tratar estas formas graves de COVID-19 dependerá de la disponibilidad de ventiladores, electricidad y oxígeno. La disponibilidad no existe en nuestros hospitales públicos.


Sin embargo, las élites luchan por ocultar estas múltiples fallas de nuestros sistemas de salud y educación. Es por eso que el nuevo coronavirus también puede servir como una oportunidad para que las poblaciones cuestionen cada vez más la utilidad del orden de prioridades de nuestros gobiernos, en términos de gestión pública.


No obstante, los sistemas de salud pública en África están particularmente subdesarrollados. Existen diferencias importantes en la estructura de la población, con una alta prevalencia de enfermedades endémicas con una alta tasa de morbilidad por enfermedades simples, con sistemas de salud con una capacidad mínima para la atención crítica.


En África, oficialmente los datos hasta el 1 de mayo registraban 39.041 casos confirmados con 1.636 muertes. Según los analistas, el Covid-19 también podría convertirse en un «virus político». Los estados demostrarán masivamente su incapacidad para gobernar o satisfacer a las poblaciones, como veremos con la administración de la crisis por parte de las autoridades en Senegal. Para muchos expertos africanos, el colapso de las economías extractivas y depredadoras, que dependen en gran medida de socios externos, podría ser precipitado por el Covid-19 y beneficiar todavía más a los capitalistas que no dudarán en aprovechar aún más la riqueza mineral del continente. Las medidas de confinamiento minarán el frágil equilibrio de la economía informal, a sabiendas que incluyen el 60% de la población activa.


En cuanto a los productores de petróleo en África francófona o África central, la caída de los precios del petróleo combinada con una caída drástica en la producción causará escasez de gas y energía y precios elevados para los productos de primera necesidad.


Al mismo tiempo, los gobiernos africanos están conscientes del hecho de que van a acontecer protestas masivas en las ciudades, atacando la legitimidad de estos poderes autocráticos, falsos y corruptos, como en Congo Brazzaville, Congo Kinshasha o Camerún. La mayor preocupación es por regímenes más frágiles (el Sahel) o regímenes sin aliento (África Central).


2. Manejo de pandemias y medidas represivas por parte del gobierno senegalés


Al principio, el nuevo coronavirus afectó poco en las poblaciones, todos creían que era «un problema para China» y para los extranjeros. Una visión compartida por la mayoría de los usuarios de internet que transmitieron mensajes con propagandas xenófobas. Con asombro, los ciudadanos senegaleses recibieron noticias recientes sobre un paciente infectado en el extranjero, en Francia, pero residente en Senegal. La agitación está creciendo, e incluso es preocupante. Parece que los primeros cinco pacientes eran extranjeros y no senegaleses. Sin embargo, el 12 de marzo, los periódicos anunciaron otro caso sospechoso, pero esta vez un senegalés que dejó Italia, donde trabajaba como inmigrante. Este último fue trasladado de su casa al hospital de enfermedades infecciosas para recibir tratamiento adicional y el resto de la familia fue puesto en cuarentena, así como todos los miembros del vecindario que vinieron a saludarlo a su llegada. Esta noticia tuvo un gran impacto sobre cómo los senegaleses comenzaron a ver esta pandemia.


El país está en alerta. Los gobernantes aprovechan la oportunidad para pedir vigilancia y apelar a la responsabilidad colectiva. A cada uno con su comentario. La sobrecarga de información ha provocado que todos se centren en la propaganda y en una ira injustificada contra los extranjeros.


El Estado comienza a tomar las primeras medidas: Macky Sall, presidente de Senegal, ordenó por decreto el cese de todas las formas de manifestación, incluida la celebración del Día de la Mujer el 8 de marzo. Primeras medidas, primeros signos de debilidad de un gobierno que no consigue obtener la confianza de la población. Macky Sall y el gobierno continúan con las iniciativas, desafortunadamente, mal percibidas por su propio pueblo, como una cortina de humo, como una burla. A medida que evoluciona la enfermedad, se alzan voces para alertar sobre los peligros que pueden surgir.


En su plan de guerra contra el COVID-19, el gobierno está utilizando líderes religiosos, con la esperanza de que puedan ayudar a crear conciencia entre las personas leales a los cultos religiosos. Curiosamente, algunos líderes religiosos no consiguen convencer a todos de la extensión y los efectos devastadores de esta enfermedad; otros llegaron al punto de criticar el opresivo modelo político chino que mata a los musulmanes uigures. Ni todos los imanes [autoridades religiosas] están de acuerdo con el gobierno que quiere prohibir grandes manifestaciones en la plaza pública. Algo difícil de lograr en Senegal, cuando el gobierno ya tiene dificultades para obtener la confianza de la población.


Los movimientos religiosos juegan un papel de gran importancia en África. En este continente, la participación semanal en un servicio religioso es más alta en Uganda, Senegal y Etiopía, con tasas de hasta el 80%. Esto fue demostrado, por ejemplo, con las protestas que estallaron el 20 de marzo en Senegal. Después de manifestaciones públicas, incluidas manifestaciones en mezquitas, todas fueron prohibidas debido al creciente número de casos de COVID-19. Sin embargo, a principios de esta semana, se observó que Tanzania anunció que el país no cerraría sus lugares de culto. La opción más simple era jugar con la fibra religiosa o patriótica, pero los mecanismos de diálogo y conciliación no estaban en la agenda del gobierno senegalés.


Algunos ven en la voluntad del gobierno, un «esfuerzo político» sin efecto significativo. Para otros, parece una farsa política de un gobierno considerado irresponsable, un gobierno que intenta sacar provecho de la crisis del coronavirus, por ejemplo, liberando prisioneros políticos – [el caso de Guy Marie Sagna, un activista revolucionario que fue a protestar fuera de las puertas del palacio presidencial cuando los precios de la electricidad aumentaron]. La propagación de la enfermedad se convirtió inmediatamente en un factor político desestabilizador, obligando a los gobiernos a cambiar su agenda muy rápidamente, a posponer los viajes al extranjero de aquellos que siempre acostumbraban a viajar, ya sea para recibir tratamiento médico o para hacer negocios a espaldas de la gente.


Las medidas del gobierno se vuelven más severas: el 14 de marzo, Macky Sall decide cerrar todas las escuelas y universidades en Senegal. La medida significó un gran suspiro de alivio inmediato de los estudiantes; algunos estudiantes se vieron obligados a retornar sin querer al campo. El Estado (y sus diversas instituciones políticas que sólo sirven para gastar el fondo público) obligó a todos los estudiantes de las principales universidades [las universidades de Dakar, Saint-Louis, Bambey y Ziguinchor] a irse, con el pretexto de su responsabilidad soberana de proteger a las poblaciones. Más de 100 autobuses se ponen a disposición de los estudiantes para obligarlos a abandonar los campus. Sin establecer medidas de seguimiento sólidas, el gobierno de Senegal ha vociferado una hermosa ola de discursos de propaganda para imponer su autoridad sobre los futuros líderes del país, es decir, los estudiantes. Por otro lado, los estudiantes criticaron la falta de preparación y cooperación en la aplicación de las medidas tomadas por el gobierno.


Unos días después, Macky Sall hizo un gran discurso ante el pueblo. En este discurso, el presidente de Senegal vuelve a pedir cautela e impone otras medidas a los trabajadores y al transporte público. El transporte debe, como otros sectores de actividad, cesar sus actividades con el argumento de que el movimiento necesariamente aumenta el riesgo de contaminación en todo el país. En vista de la renuencia de los trabajadores y el sector del transporte, el gobierno está aumentando las restricciones y regulaciones en la práctica. Al mismo tiempo, impuso un toque de queda de 8 pm a 6 am. en todo el país. Una medida arbitraria que las poblaciones no respetaron, como hemos visto en Ruanda y en otros lugares.


Dicho esto, el gobierno senegalés olvido que tiene poco apoyo político del propio pueblo, debido a su política de exclusión de las masas. El estado y todo su aparato se están movilizando para prohibir el transporte interurbano (interregional) y presionar a las compañías de transporte regionales para que revisen los altos costos de circulación. En otras palabras, dados los cambios, ya no podrán mantener su volumen habitual de negocios, como resultado, perderán sus propios recursos de subsistencias y beneficios.


Mientras tanto, los empleados continúan trabajando para el estado y reciben sus salarios normalmente. Peor aún, el gobierno de Senegal está discriminando, reduciendo la cantidad de horas trabajadas por los funcionarios públicos, mientras que quienes no son funcionarios públicos, a su vez, pierden gran parte de sus ascensos.


El Estado no cierra las grandes empresas extranjeras y europeas que operan en el país, pero decide cerrar algunos mercados, lugares donde la población y los pobres pueden comprar sus alimentos. El supermercado Auchan, una empresa francesa que opera en grandes mayoristas, no está cerrando. Pero otros negocios si son obiligados a interrumpir sus actividades de ventas y mercados.


Posteriormente, se publican cifras astronómicas sobre el daño económico causado por el COVID. 19, para recaudar fondos públicos y privados. En teoría, se utilizarán para apoyar a las familias y empresas afectadas por la crisis. Antes de estos anuncios ineficaces hasta ahora, los directores de grandes bancos, empresarios, jugadores de fútbol y empresarios comenzaron a hacer grandes donaciones al Estado. Las cantidades se depositan en la cuenta COVID-19 de la Fuerza del Ministerio de Salud, con la esperanza de que puedan ocultar o contener las preocupaciones de las personas. Pero sospechamos que el Estado de Senegal reembolsará a todos estos grandes donantes corporativos, eximiéndolos de sus impuestos o extendiendo los plazos para el pago de impuestos. La hipótesis más común era que el gobierno había decidido cancelar la deuda de grandes compañías extranjeras, pero después de la audiencia que el presidente concedió a su opositor Ousmane Sonko, Macky Sall cambió finalmente de opinión. Entonces planearon extender los términos en lugar de cancelar la deuda fiscal.


Recordemos que el Estado de Senegal recibió 2.600.000 euros como donación en dinero y en especie, de donantes senegaleses de todas las tendencias, líderes empresariales nacionales, algunos líderes religiosos y de clase media.


En el comunicado de prensa emitido por el Consejo de Ministros del 1 de abril de 2020, el Presidente de Senegal incluso instó al Ministro de Planificación, Economía y Cooperación a finalizar el programa nacional de resiliencia económica y social. Este programa (del gobierno) debería, de acuerdo con los términos del comunicado de prensa, permitir que el Estado de Senegal brinde apoyo en especie para las personas, empresas públicas y privadas que son víctimas de la crisis de salud.


Además, en la víspera del día para conmemorar el 60 aniversario de la independencia de Senegal, fueron anunciadas por el presidente Macky las medidas definitivas, con un programa de cuatro ejes:


Apoyo al sector de la salud por un valor de 97.576.000, para ayudar en gastos relacionados con la respuesta al COVID-19.


23.485.000 euros para pagar facturas de electricidad por un período de 2 meses para familias del grupo social sin sueldos. Las 40.746 familias.


4.545,000 euros para cubrir las facturas de agua por un período de dos meses para 40,746 familias.


104.546.000 euros para comprar alimentos en beneficio de 40.746 familias


Además de 18.940.000 euros para ayudar, según ellos, a la diáspora senegalesa


Como mencionamos anteriormente, el gobierno de Senegal y otros países africanos, como Costa de Marfil, Guinea Conackry (el diccionario corrige como Conakry – igual no conozco es país -), Marruecos y casi todos los países del continente están tratando de movilizar fondos para combatir el COVID-19 y buscar ocultar las fallas sanitarias en los sistemas de salud pública, tratando de contener las preocupaciones de las personas. El caso de Senegal es bastante ilustrativo de la falta de seriedad de nuestras élites políticas africanas en el manejo regular de las crisis.


De hecho, el COVID-19 apenas develó los desafíos que los Estados deben enfrentar en temas de salud pública y en el campo de la educación. Como este por ejemplo: los trabajadores de la compañía farmacéutica «Medis Senegal» han estado en paro técnico ilegal desde enero. Esta empresa pertenece oficialmente al estado, como accionista mayoritario de la misma, pero Medis Senegal no ha pagado a los trabajadores durante tres meses. En diciembre pasado, el Estado, a través del Ministro de Salud, fue alertado por los trabajadores advirtiendo de «serias deficiencias en la administración de la empresa Medis Senegal, malversación financiera, mala administración del personal”, entre otras. «En medio de la crisis, Medis Senegal, la única compañía que fabrica paracetamol y cloroquina, cerró sus puertas bajo los ojos cómplices de nuestros funcionarios electos», dijo Guy Marie Sagna, quien se convirtió en preso político por su compromiso con el pueblo. La mayor aberración es que Senegal importa 207 millones 600 mil euros de medicamentos cada año, provenientes del fondo público, lo que beneficia sólo a empresas privadas.


3. Implicaciones sociales y económicas de la enfermedad para los trabajadores. El PIB de Senegal para 2019 fue de 24 mil millones de dólares o lo que es igual a 1,364 euros por habitante por año, equivalente a una entrada de 3.79 euros por persona / por día.


Sin embargo, si consideramos que la mitad de lo que se produce va al extranjero a través del mecanismo de pago de la deuda pública y el retorno de la inversión extranjera, significa sólo 1,89 euros por día y por persona. En Dakar, la capital de Senegal, el salario de un trabajador es de 2.500 CFA por día, o 60.000 CFA por mes, es decir, 114 euros por mes. En otras palabras, muchos senegaleses viven en condiciones muy vulnerables.


El sector industrial ofrece solo el 14% de los empleos, contribuyendo con el 26% del PIB, frente al 31% para la agricultura y el 55% para los servicios. Los economistas africanos serios deducen subindustrialización. Dadas estas cifras, Senegal es, como Liberia, un país endeudado y subdesarrollado.


La pandemia del COVID-19 creó pánico en la población por dos razones. Primero, existe una seria preocupación por el precio del transporte público, que continúa aumentando, duplicándose debido al estado de emergencia declarado. Este aumento en los precios del transporte ha llevado a una desorganización del sistema de producción. Los trabajadores senegaleses no pueden, de ninguna manera, apoyar las medidas de contención debido a la precariedad y el desempleo en las zonas rurales y urbanas. Los trabajadores no podrán aguantar la moderación de la contención, porque sus medios de vida están en riesgo, especialmente porque el 70% de las familias sobreviven diariamente en el sector informal.


Grandes riesgos pesan sobre aquellos que son explotados diariamente en el curso de su trabajo, especialmente en fábricas o como trabajadores en el sector privado. Ahora, estas personas están aún más expuestas a la explotación, son vulnerables a la exclusión de la atención de salud porque no tienen asistencia médica. Además, sus movimientos están limitados por cierres de fronteras e interrupciones de viaje. Los trabajadores son estigmatizados y discriminados por estas medidas estatales para lidiar con el nuevo coronavirus. Varias empresas privadas nacionales están casi paralizadas, mientras que las empresas extranjeras continúan trabajando y exponen a los trabajadores porque estos capitalistas sólo se preocupan por sus ganancias financieras. Como los gobiernos han ordenado el cierre de fábricas no esenciales, millones de trabajadores están desempleados en todo el mundo, la mayoría con contratos precarios.


Mientras tanto, la Organización Internacional del Trabajo informa que en medio de la crisis económica, debido al COVID-19 podría verse un aumento del desempleo global en casi 25 millones. Las tasas de pobreza en el trabajo aumentarán dramáticamente, prediciendo que entre 20 y 25 millones de trabajadores serán víctimas del desempleo y el aumento de la pobreza. El COVID-19 interrumpió los esfuerzos realizados por las políticas de reducción de la pobreza en África, además del hecho de que los riesgos de explotación están aumentando y los que ya eran explotados, incurren, aún más, en enormes peligros de sobreexplotación.


Al tratar de responder a la propagación del COVID-19, los gobiernos africanos, a través de su portavoz en la persona del Presidente de Senegal, invitan al Banco Mundial y otras instituciones a condonar la deuda. Pero la respuesta de estas instituciones financieras fue una gran negativa), ya que apenas lo que concedió fue aplazamientos en el pago de la deuda. Los jefes de estado africanos son los principales responsables del estado deplorable de los sistemas de salud y educación en nuestros países, porque nunca han sido una de sus prioridades. Cuando ellos se enferman, reciben tratamiento en los países europeos, lo mismo sus familias, dejando a la población a su propia suerte.


El presidente senegalés espera combatir el fenómeno y ocultar las desigualdades sociales u otros tipos de preocupaciones mediante discursos llenos de efectos y de anuncios respaldados por números. Sin tener en cuenta el sistema de salud defectuoso y un sistema escolar en crisis, el gobierno de Senegal parece olvidar a los trabajadores del sector informal que constituyen la mayor parte de la vida económica del país. Estos actores económicos se quedan atrás en esa batería de medidas anunciadas por el gobierno senegalés.


4. El nuevo orden mundial decidido por el virus capitalista


El nuevo orden mundial promulgado por los capitalistas es eliminar parte de la humanidad, y todos hemos escuchado la advertencia del Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, quien predijo millones de muertes para el continente africano, mientras que la enfermedad es, en este momento, mucho más devastadora en Europa y los Estados Unidos. Claramente, esta visión de un nuevo orden mundial fue confirmada por el presidente francés en una conferencia, diciendo que el proceso de este nuevo orden mundial ya ha comenzado y nada puede impedirlo.


Esta crisis de salud impuesta en el mundo, que hoy tiene 3 millones 274 mil personas infectadas y 239.440 muertes es una realidad y África no es una excepción. Pero el continente parece resistir mejor la pandemia ya que, a pesar del equipo insuficiente de la infraestructura de hospitales, el continente registró solo 500 muertes. Si miramos a Senegal, el 1 de mayo de 2020, de los 1115 casos confirmados, 368 están curados, 9 fallecidos, 1 evacuado en Francia y 737 todavía están siendo tratados en centros de salud. En otros países del continente, cada país está desarrollando métodos para atender a sus pacientes y debemos saludar el trabajo de los cuidadores que merecen todos los elogios para incentivarlos a perseverar.


En estos momentos de pandemia, varias compañías extranjeras establecidas en Senegal ni siquiera se han unido a la ola de solidaridad lanzada por las autoridades para enfrentar el virus. De las 142 empresas de renombre internacional con sede en Senegal, ellas movilizaron solo 1,6 millones de euros, lo que es realmente insignificante en comparación con las centenas de millones de ganancias que obtienen en el suelo del país, sabiendo que ellos son los que siempre ganan las ofertas de licitaciones públicas. Hablando de la empresa Orange, que maneja la telefonía, ella obtuvo en el 2018 una ganancia anual de 275 millones de euros.


Después de esta crisis de salud, seguirá la crisis económica, lo que permitirá a los capitalistas dictar e imponer sus prerrogativas para acentuar su explotación y su dominio sobre los trabajadores.


La pandemia expuso las deficiencias y la negligencia de nuestros gobernantes que viven sólo de la corrupción a espaldas de los trabajadores y la población. Es la oportunidad de guiar a los trabajadores y concientizar a las masas para organizar y preparar la respuesta, para deshacerse de los colonizadores de África, que siempre han sido sus sepultureros; exigir el no pago de la deuda externa pública y nacionalizar las multinacionales que saquean los recursos del continente; tomar en nuestras manos el futuro y los intereses de los trabajadores y el pueblo. Solo con nuestra determinación y acción podremos escribir una nueva página de nuestra historia.


¡Vivan los trabajadores! ¡Viva la revolución! ¡Viva LIT-IQ! ¡Viva la Liga Popular de Senegal!



Traducción: Ana Rodríguez

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